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¿Nos vamos a Maldivas?

Aquí lo único que se terminaba era el Sri Lanka Tour, pero el viaje continua. Habíamos decidido acabarlo con unos días de absoluto relax en Maldivas y probar un tipo de viaje que nunca nos habíamos planteado, un plan de sólo playa en una isla paridisíaca.


Maldivas siempre suena a lujo, a caro, a resort, a habitación sobre el agua... y puede ser, puedes escoger esta vertiente, y nos encantaría haber vivido esas Maldivas, pero a todo no se puede llegar, y al empezar a informarnos a través de blogs descubrimos que se puede disfrutar de Maldivas a precios más que asequibles y sin nada que envidiar al gran lujo.


Después de leer muchas opiniones escogimos la isla de Thoddoo, la isla huerta de Maldivas. Es una isla de tamaño mediano en la que la mitad de ella está dedicada al cultivo de fruta y verdura para abastecer al resto de islas, y la otra mitad es poblado, y almenos tienes opciones para comer o tomarse algo fuera del hotel que escojas. Nosotros escogimos el Hotel Coco Villa, un precioso hotelito de sólo 6 habitaciones que resultó ser todo un acierto.


Habíamos leído varias opciones para ir desde el aeropuerto a Thoddoo, la opción más barata era el barco de la fruta que tarda unas 7h viajando de noche, lo cual nos pareció una barbaridad, la segunda opción era un barco de velocidad lenta que en 4h te llevaba a la isla pero nosotros contratamos a través del hotel y por 35€ por persona la opción más rápida, el speed boat, que en sólo 1h nos plantaría en Thoddoo. Se puede ir por libre y buscar el bote por vuestra cuenta, pero pensad que allí los botes y lanchas son como los taxis en cualquier lado del mundo, con lo cual es un caos, nada más salir del aeropuerto tenéis el puerto donde van llegando distintas embarcaciones que van a unas islas u otras, al tenerlo contratado a través del hotel nos esperaba en el aeropuerto un chico que nos acompañó hasta localizar el bote y se encargó de todo, se tomó una foto con nosotros que no entendimos muy bien, pero resultó ser porque él no venía con nosotros en el bote y se la manda a los del hotel para que supieran quién éramos a la llegada a la isla.


Embarcadero del aeropuerto

El speed boat hace honor a su nombre y va realmente rápido botando sobre las olas, algo que te mantiene en constante tensión, pero realmente vale la pena para llegar cuanto antes a vuestro destino, como os dije, en 1h estábamos atracando en el pequeñísimo puerto de Thoddoo y enseguida se nos acercó el recepcionista del hotel que nos saludó y se ocupó de las maletas.


En Maldivas se pueden hacer algunas excursiones y salidas fuera de la isla escogida, está la opción de ir a un sandbank, una lengua de arena en mitad del mar en el que te dejan allí y te recogen al cabo de las horas que se les diga, otra opción es ir a la isla picnic, que viene a ser lo mismo pero te sueltan en una islita en la que hay alguna palmera y una mesa para comer, y por supuesto opciones de buceo nocturno y diurno, excursiones para ver tortugas, mantas raya, tiburones, etc. Nosotros sólo queríamos descansar y la verdad que eso de ver el fondo marino y los bichos que lo habitan, a mi, me da algo de repelús que haría que no me metiera nunca más en el mar, así que disfrutamos durante 3 días de la isla sin salir de ella.



Thoddoo tiene un par de zonas de playa habilitadas con tumbonas, hamacas, y todo más cuidado y preparado para los turistas, todo a la sombra de las palmeras en plan muy idílico y con la arena llena de cangrejos enanos arriba y abajo, aguas turquesas y apenas oleaje. Y como dato curioso y muy a tener en cuenta os diré que en Thoddoo no hay ni un cajero automático, así que sacad dinero en el aeropuerto, ya que si no no podréis pisar ni el supermercado ni algún bar que no aceptan nada más que efectivo.



Los 3 días los dedicamos a disfrutar de la playa, tomarnos algo relajadamente en alguno de los pocos bares que hay y probar la comida en algún que otro restaurante durante las horas de más calor y pasear tranquilamente por las huertas o por sus pocas calles viendo la escuela, la mezquita, etc, y dando vueltas alrededor de la isla siguiendo la costa. Por más que penséis que las horas de más calor es justamente cuando más se tendría que estar en la playa en remojo, tenéis que pensar que estáis más cerca del ecuador y que por lo tanto el sol es más potente de lo que estamos acostumbrados, para que os hagáis una idea, empezamos usando protección 30 y nos quemamos como si no lleváramos nada, probamos también sin éxito protección 60 y acabamos comprando una de 99 que ni sabíamos que existía.


Rincones de Thoddoo

Algo curioso de Thoddo son sus habitantes alados, los zorros voladores, unos murciélagos del tamaño de perros con unas alas enormes, totalmente inofensivos ya que comen fruta, pero que te dejan boquiabierto cuando los ves volando bajo. Si queréis verlos tranquilamente mientras se alimentan, en el patio de la escuela junto a la mezquita, hay unos árboles enormes que se llenan de estos bichos por la tarde y podéis verlos allí alimentándose, peleándose y volando de un lado a otro bien cerca de vuestras cabezas. Son alucinantes. Y además de esos, más a nivel del suelo, lagartos por todos lados, no son muy grandes e igualmente inofensivos, pero salen de por todas partes.


Los otros habitantes de la isla de Thoddoo

Como os he dicho la isla no tiene mucha oferta en cuanto a nada, pero al lado del campo de fútbol, junto a la escuela, hay un pequeño bar, el Sunset Corner, en el que podéis tomaros algo a la sombra de los árboles de su jardín o comer algo a precios económicos. Y junto al hotel teníamos un restaurante más que recomendable, el Mint Garden, un sencillo restaurante pero con una cocina buenísima que no esperábamos al entrar. Aparte, a pocos metros del puerto tenéis un supermercado en el que hay bastante variedad de productos, tanto de comida, como cosméticos e incluso otros artículos como chanclas, eso sí, no aceptan tarjetas de crédito, sólo efectivo. Se puede entrar libremente a la mezquita sin pagar nada, descalzos, eso sí, pero mejor si antes preguntáis, ya que también hay algunos locales que no ven bien que los turistas entren al templo, y justo al lado está la escuela y la guardería, a las que no se puede entrar pero en las que los muros son bajos y se puede ver todo desde el exterior, incluso como dan las clases.


Y no os podéis perder el espectáculo que es ver atardecer desde la playa, el reflejo sobre el agua, los últimos rayos de sol pintando las nubes... sólo hay que ver estas fotos:


Atardeceres de Thoddoo

Atardeceres de Thoddoo

Una vez pasados los 3 días en los que realmente desconectamos y disfrutamos del sol, la playa, el no hacer absolutamente nada y la buena comida del hotel y los restaurantes, volvimos a coger el speed boat para ir de regreso al aeropuerto, a pesar de que nos quedaban algo más de 24h en el país. Nuestro vuelo de regreso era el viernes y ese es el día santo para los musulmanes, por lo tanto no había traslados entre islas, excepto entre el aeropuerto y la capital del país, Malé, así que no hubiéramos podido salir de Thoddoo de ninguna manera para ir al aeropuerto, tenedlo en cuenta al escoger vuestros días de vuelta, así que tuvimos que dejar Thoddoo el jueves y buscar un alojamiento cercano al aeropuerto, escogimos el Hotel H78 en la isla artificial de Hulhumale construida como continuación del aeropuerto y que también nos ofreció el venirnos a buscar al aeropuerto a nuestra llegada de Thoddoo y llevarnos al hotel y devolvernos al aeropuerto al día siguiente de forma gratuita.


Hulhumale, como ya he dicho, es una isla artificial que está en plena construcción pero que promete mucho, a pesar del mar de grúas, vallas y descampados llenos de materiales de obra, ya hay una amplia oferta de bares y restaurantes, algunos a pie de playa y otros en las calles aledañas, y si andáis hacia el norte enseguida llegáis al pequeño mercado de fruta y verdura, un pequeño parque entre los edificios de viviendas y más allá un gran parque lleno de gente al atardecer donde se está de lujo. La cena la tomamos en el The Fish Market, un restaurante en la última planta de una especie de pequeño centro comercial cercano al parque y que no estaba nada mal.


Al día siguiente, ahora sí, nuestro último día de viaje, desayunamos tranquilamente, que no abundantemente porque el buffet era algo escaso, y apuramos las horas en la habitación hasta el check-out y el servicio de shuttle del hotel nos llevó de vuelta al aeropuerto, allí dejamos las maletas en una consigna que hay en la que por 6$ cada maleta os las guardan hasta el regreso (luego hay que pagar en una taquilla que hay justo al lado de los controles de seguridad), y cogimos un ferry hasta Malé, los tikets se venden justo antes de salir del aeropuerto y valen sólo 150mvr, el ferry tarda escasos 10mins en cruzaros hasta la orilla de Malé.


Malé... ̶c̶o̶m̶o̶ ̶d̶i̶r̶í̶a̶ ̶u̶n̶a̶ ̶a̶m̶i̶g̶a̶:̶ ̶c̶h̶i̶q̶u̶i̶t̶a̶ ̶m̶i̶e̶r̶d̶a̶ ¿cómo os lo digo finamente? Si tenéis tiempo de sobra antes de vuestro vuelo, no lo malgastéis visitando la capital, o almenos no en un viernes. Como ya os he dicho, el viernes es el día santo de los musulmanes, eso significa que casi todo está cerrado, pero si para colmo, llegáis como nosotros hicimos, a pocos minutos de la hora de la oración... eso ya es lo más. Nada más andar unos pocos centenares de metros desde el embarcadero empezó a sonar el canto al rezo por todos los minaretes y altavoces de la ciudad, y las calles empezaron a llenarse de hombres, sólo hombres y niños varones, todos hacia la misma dirección, a pie o en moto, nosotros íbamos callejeando sin rumbo, y aquello cada vez agobiaba más, calles estrechas, calor extremo y hombres por todos lados, hombres serios, con caras de pocos amigos que nos miraban francamente mal, y calles atiborradas de personas rezando, con sus alfombras en el suelo y que nos hacían dudar por como nos miraban, de si podíamos estar ahí, pero es que estábamos en la calle!!! Todo un paraíso tranquilizador para cualquier persona, más aún para cualquiera del colectivo LGTBIQ.


Tardamos mucho en encontrarnos una mujer y bueno, decimos mujer por su vestimenta, pero no lo sabemos al 100% ya que iba con un burka de cabeza a pies y los ojos bajo rejilla. Malé ofrece poco al turista (que además no vimos ni uno, eso ayudaba mucho a no tranquilizarnos), hay una pequeñísima playa artificial, un monumento a las víctimas del tsunami, alguna mezquita y poco más. Algunas tiendas abrieron al acabar el rato de oración, pero bien pocas y como no nos sentíamos nada cómodos con las miradas de los locales que parecían no haber visto un turista en su vida, nos tomamos un café en un bar y decidimos volvernos al embarcadero y volver al aeropuerto y esperar a nuestra hora de embarque.


No podéis cruzar el control de maletas hasta, como mínimo, 3h antes del vuelo, y si tenéis que comprar souvenirs, una vez hecha la facturación de maletas y una vez dentro del aeropuerto, tenéis unas cuantas tiendas en las que podréis encontrar de todo, eso sí, a precios astronómicos para lo que son los souvenirs allí.


Esperamos que os sean útiles todos estos posts si estáis preparando vuestro viaje a Sri Lanka y/o a Maldivas. Podéis contactarnos por nuestras redes sociales o a través de este blog si tenéis cualquier duda y os contestaremos a todo lo que podamos lo antes posible.


Hasta el próximo viaje!!!


Isra & Martí

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